INFANTILIDADES II
Lejos de la vereda, lejos del piso y los zócalos porque manchan, mamá termina de arreglarme el flequillo y abuela me acomoda los pliegues del vestido rosa, canesú bordado nido de abeja, rosa más oscuro.
Acontecimiento delicioso : fiesta de cumpleaños con el bullicio de treinta vestiditos, entre vasos, servilletas y velitas con algún personaje Walt Disney.
La bella durmiente del bosque mi preferido.
Sentadas en el patio de baldosones blancos, una a la par de la otra aguardamos impacientes el comienzo de los juegos.
Mamá y papá contrataron animadoras, no vaya a ser que las mujercitas se descontrolen e intenten investigar juegos más efusivos que los disfraces, baile con prendas, juego de la silla, el huevo podrido y proyección de alguna película Mickey o Pato Donald (efectiva para el final de fiesta).
Como yo soy la agasajada me corresponde la coronita de cotillón color plateada, pero a nadie le importa porque en un descuido improvisado hemos logrado traspasar los límites y ya estamos corriendo por el pasto, algún invitado más chiquito entreteniéndose en despojar margaritas y azaleas de su ornamento.
Desorden, sólo por instantes porque ya nos llaman para la torta y el ímpetu que todo eso genera alrededor de la mesa : sesenta manos se confrontan y disfrutan el Feliz Cumpleaños.
Y yo quiero la porción con más chocolate, y a mi no me gusta la torta, quiero Coca, quiero Mirinda, no me gustan los Sugus de naranja, ¿Me los cambiás por los de frutilla?, me manché el vestido con dulce de leche, estoy aburrida llamá a mamá que me quiero ir.
Y entonces, ya menos, las más amigas, entre las que hay otros espacios, risas, risas y más risas y como es de noche abandonamos el patio y nos dejan corretear entre la otra mesa, la de los grandes, ajenos al submundo, ajenos al nada nos preocupa, ajenos al sabor de los caramelos y de las risas por nada.
Hasta que exhaustas y sin percibir bien el tiempo, la fiestita termina.
Mis amigas se van.
En mi habitación, la cama repleta de papeles de regalo, la mente vacía, la nariz llena de olores a pasto recién cortado, a torta, a flor, los ojos llenos de árboles, arco iris, gusto a frutas, a helado, azúcar, y el sol de las tardes en el otoño sábado, soñando.





